Éramos el baile de un amor feroz, mi hada de rosas,
¡Ay! el primer tañido del laúd en la vieja Andalucía.
Mientras el borde de la noche ardía con tu hermosura,
Eras el sonido que encadenó de amor mi corazón.
Cuando sudabas en sueños, margarita con henna,
¡Olé! Al tocar tu piel, olías a albahaca.
Si el viento rozaba tus cabellos negros,
Las mariposas bordaban el amor en el aire.
Mientras corre en mí
¡madre mía! el río ácido de la despedida,
No guardes silencio ante el grito de mi amor,
Tu nombre susurro, ¡desesperadamente!
Esta canción fue escrita para tu añoranza,
Murmuré otra vez, solo, conmigo mismo.
Aunque me marchite en este amor, ¡ay!, su voz ilegal nunca calló,
Las palabras fueron insuficientes para describir tu belleza.
Tomé una copa llena en mis manos
En una hora rota de la noche
Bajé a la orilla con mi alma vagabunda
¡Ay, cielo! No encontré igual a ti en el firmamento,
Tus ojos de perla negra brillan como el amor.
Tu sombra cayó en mi corazón como vino tinto,
Cada sorbo me embriaga con su delirio.
Si esperar es amar, mi hada de rosas,
¡Estoy en el más hermoso apocalipsis de tu amor!
En esta canción escrita para tu ausencia
Sin ti, ninguna palabra puede prender fuego.
El amor queda huérfano en las canciones que te escribo.
Mientras corre en mí
el río ácido de la despedida,
No guardes silencio ante el grito de mi amor,
Tu nombre susurro, ¡desesperadamente!
Las paredes de mi cuarto, huelen a ti, mi tesoro…
Quién me salvará de estas noches deshilachadas?