Enseñó que una vida vivida según los principios estoicos no era fácil, «porque aquellos que persiguen la vida superior de la sabiduría, que buscan vivir según principios espirituales, deben estar preparados para que se rían de ellos y los condenen» (30). Sin embargo, una vida de sabiduría es una vida de razón en la que uno debe aprender a pensar con claridad, dejando que su razón sea suprema: «Condúcete en todo lo grande y público o lo pequeño y doméstico de acuerdo con las leyes de la naturaleza». (9) Para Epicteto, el propósito de la filosofía era «iluminar el modo en que nuestra alma ha sido infectada por creencias poco sólidas, deseos tumultuosos indómitos, dudosas elecciones de vida y preferencias indignas de nosotros» (84). El antídoto es el autoescrutinio aplicado con bondad. Para Epicteto, una vida feliz es una vida virtuosa; la felicidad y la realización personal son el resultado de hacer lo correcto, ya que hay que armonizar la acción y los deberes con la naturaleza.